sábado, 7 de noviembre de 2009

Buscando la mejor educación


Desde hace un buen tiempo (años) ha ocupado en mi mente un pensamiento inquietante, de esos que le quitan el sueño hasta a los peresosos, de los que crean un ventarrón de ideas e intentas encontrar las adecuadas para apaciguar esa incertidumbre, en ese transcurso de años ocacionalmente ese pensamiento recurrente, se hace nulo, desaparece de mi cabeza, dando prioridad a mis obligaciones de momento, éstas familiares o laborales, y sin avisar, ¡zaz! vuelve y reaparece. Dicho pensamiento está enfocado nada menos que a la educación, en todas sus dimensiones, desde la que se maneja en las escuelas y demás centros educativos, hasta la que recibimos y damos en el hogar.

Desde que soy padre no pasa un día que no piense en la educación de mis hijos, no tanto en la escolar, para nada menos importante claro esta, pero si más en la que reciben de mi y demás miembros de las familias tanto paterna como materna, que desde mi percepción es la que tiene mayor influencia, la que suele moldear en mayor medida la personalidad y convicción de cada individuo.

Esos paradigmas que recibimos en el hogar, suelen acompañarnos sino hasta el final de nuestros días, hasta que conseguimos estar conscientes de nuestra individualidad. Un gran número de personas no pueden y no quieren desprenderse de las costumbres, gustos culinarios, religión, partido político, equipo de baseball, y un sin fin de tendencias o inclinaciones a cosas adquiridas en el hogar, no está demás decir que a temprana edad uno no tiene discernimiento suficiente y muchas veces la potestad para elegir o depurar las cosas buenas de las malas, o simplemente las que realmente queremos, por consiguiente los valores éticos y morales de la persona estarán construidos con los cimientos educacionales provenientes del seno familiar.



Y a pesar del "esfuerzo" que realizamos para que nuestros vástagos adquieran la mejor formación, resulta ser una paradoja el producto final, conscientes o inconscientemente lo que logramos es una chapuza, obviamente con razón de ser, puesto que no nos formamos para ser buenos padres, tenemos un millar de ideas y la herencia recibida de nuestro propios padres, pero entre todo ese embrollo de conceptos, no siempre optamos por el mejor, me dirán que hay mucha gente con buenas costumbres y una buena formación ética para con sus semejantes y su entorno, absolutamente de acuerdo, sin lugar a duda, lo que intento hacer claro es que, es evidente que influyeron varios factores para llegar a que esas personas logren ese nivel o consciencia, que no se puede asegurar de que todo eso fue gracias a sus padres.

En estos tiempos, resulta casi imposible dedicar una convivencia sustancial y de calidad con nuestros hijos, algunos afortunados si lo logran, pero una gran mayoría no contamos con suficientes horas en el día para distribuirlas entre todas las obligaciones.

Los primeros años de vida de ese hijo(a), deben de tener garantizados esos momentos de calidad, en los cuales se pueda interactuar con ellos, buscando incentivar y encaminar su curiosidad innata, hacía todos los caminos del conocimiento, tratar generar un habito investigativo, que lo motiven a hurgar el saber. Proponernos nosotros mismos ese habito, ese interés en conocernos y conocer el entorno, ya que si no poseemos en nuestro interior ese impulso que nos lleva a poder ampliar nuestros conocimientos, nos será muy difícil transmitirle a nuestros hijos lo que no tenemos.