jueves, 13 de mayo de 2010

Adoradores de la ignorancia.


Todos somos ignorantes, bien...pero no es una obligación seguir siendo ignorantes, aún buscando y encontrando sabiduría de las tantas cosas que ignoramos, sería imposible conseguir amasar todo un absoluto saber de las cosas internas o externas, individual o colectivamente, siempre habrá algo que desconoceremos o no entenderemos...muchos dicen que el saber empieza por entendernos nosotros mismos, pues es cuando realmente lo desconocido no nos preocupa o atemoriza tanto.

Lamentable es que muchas personas, se esfuerzan y se empecinan a seguir sumidos en la ignorancia o bien a pensar y estar convencidos que lo que ellos creen no debe ser cuestionado, ya que a su entender poseen la verdad absoluta y todo lo que se atreva a contradecir esa verdad, no merece la mínima atención. Por esa verdad incuestionable y absoluta se vienen cometiendo a lo largo de la historia humana todo tipo de bajesas contra el ser humano y demás especies, animales y vegetales.

Y cuando hablo de verdad absoluta, aunque está en singular, realmente me refiero a las tantas verdades absolutas, que según alguna persona o grupo que promueve su saber por considerar que es lo correcto y valido para todos.

Éstas personas son adoradores de la ignorancia, gente que no da lugar a la duda, al escepticismo, a replantearse sus ideas, diferenciar lo racional de lo sentimental, lo demostrado en base a pruebas y evidencias, de los sueños, presentimientos y tradiciones absurdas. No querer revisar nuestras creencias, nuestro saber y entendimiento, nos atrasa.

No estoy en contra del pensamiento individual, de la libertad que tiene cada individuo sobre la tierra (o en el espacio) de expresarse, de ser dueño de su propia convicción, querer estar en contra de eso es de cerrazónicos, mientras no se atente con la integridad de los demás, queriendo imponer una creencia o dando privilegio a una en específico, mientras las cosas que en el ámbito o terreno público, que corresponden a todos los ciudadanos mantengan una neutralidad o margen, respecto a las tantas ideas o creencias que no poseen una base verificable o evidente de su realidad, improbables casi en su totalidad, marcaremos la diferencia entre un estado laico y uno que da privilegios a ciertos grupos de creencias.


Todos somos ignorantes, todos tenemos derecho a querer saber, a querer cambiar, nuestra naturaleza nos impulsa hacía querer urgar lo desconocido, muy lamentablemente, muchos en su desarrollo como individuos, adquirieron el entendimiento de que no se puede cuestionar lo sabido, a la autoridad que dice poseer la verdad, fueron moldeados con el pensamiento de que auto evaluarse y auto criticarse es perder el tiempo, malo o pecado, tenemos un cerebro y entre sus tantas funciones, esta "PENSAR", y sí, existen algunos pensamientos que destruyen, todos sabemos eso (o casi todos), pero entre otras posibilidades está la pensar para edificarnos hacía una estabilidad mental fruto del conocimiento y el respeto a los demás.