miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mientras pienso, la verdad absoluta.

El ser humano, una vez que descubre la capacidad de conocerse así mismo y comprender que ocupa un lugar en el espacio, dispone de su voluntad de acuerdo con sus necesidades o caprichos para incidir sobre ese espacio que ocupa y que de igual manera es afectado por ese entorno del cual es parte.

Mientras interactuamos con ese entorno desde mucho antes de nacer, vamos formando un criterio o idea de la vida misma y la ajena, con todas sus etapas y sus conceptos, que vienen a ser parte intrínseca de nuestra personalidad que estará presente en nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Por lo general las personas, individual o grupal-mente suelen pensar que poseen las reglas habidas y por haber para regir su vida y la de los demás en base a esos criterios o conclusiones que han formado. Poseer una razón absoluta no ha resuelto el más importante conflicto de la humanidad, con el defecto de que no es una razón absoluta, con una población mundial que se acerca o está en los 7 mil millones de seres humanos, es una realidad que todo el que piensa no piensa lo mismo, aunque se piense en lo mismo.

Cada afirmación parece tener una relativa negación o duda, que no permite que nos pongamos de acuerdo con  cosas tan vitales como el bien común, la aceptación y el respeto de nuestras diferencias, (una de dos: o somos muy estúpidos o todo es una mentira eso de que el cerebro también se usa para pensar) y el escenario actual nos evidencia un imposible acuerdo entre todos nosotros, con eso lo único que logramos es un avanzado deterioro de nosotros mismos y nuestro entorno...y si, somos tan estúpidos que lo sabemos (unos más que otros) y no hacemos nada (o lo suficiente) para revertir toda esa descomposición.

Ya en ese nivel, siendo conscientes de esa realidad, podemos hacer una afirmación absoluta "NO VAMOS A PONERNOS DE ACUERDO".

Partiendo de esa pesimista realidad podemos llegar a estar de acuerdo en que nunca vamos a estar de acuerdo, y tal vez luego de esa "reveladora" conclusión vendrá el bien común, la aceptación, el respeto de nuestras absurdas diferencias, creadas, inventadas e impuesta por una "razón absoluta" innata en cada ser humano.