lunes, 8 de octubre de 2012

Sociedad: cuando lo malo nos parece bueno o normal.

Lo malo, lo bueno y lo normal, al igual que otras palabras abarcan en su definición amplios matices que están sujetas a la interpretación de la persona que las intentan definir, cierto es que todos estamos de acuerdo con sus definiciones, pero no al momento de señalar en estos casos lo que es malo, bueno o normal.

En la actualidad con los avances de las telecomunicaciones nos permitimos estar al tanto de cada acontecimiento en cualquier parte del mundo (y fuera de el) de manera instantánea, justo en su momento, con las mismas sabemos del acontecer político-social de otras regiones del planeta, por este y otros factores, somos, unos más que otros, influenciados por las mismas, presentándose varios escenarios, ya sean de aceptación, rechazo o indiferencia.

Esto es solo una muestra de lo que intento decir, que en sí, no es lo que me interesa desarrollar en esta entrada.

Voy a mencionar algunas situaciones que se vienen manifestando desde hace un tiempo en la Rep. Dom. y que desgraciadamente cada día son más frecuentes, tales situaciones no son para nada ajenas a este país, vemos a diarios en los noticiarios situaciones similares en otros países.

  • El tema de la violencia de genero, específicamente contra la mujer, ya sea verbal o físico, llegando al limite de causar la muerte de las agraviadas, es en la actualidad uno de los temas que más consternación provoca en la sociedad dominicana a raíz de la gran cantidad de casos que se reportan a diario, consumados muchos de estos con la muerte de una de las partes de la pareja y en algunas ocasiones de ambas partes y/o allegados.
  • Actos delictivos de los cuales una parte nos vienen de la mano de menores de edad (en R.D. la mayoría de edad inicia a partir de los 18 años), que están azotando la sociedad con asaltos de toda índole.
  • Estos mismos menores de edad y otros que no están involucrados a la delincuencia de oficio,  los vemos fueras de las escuelas, en centro nocturnos y diurnos propios para mayores de edad, según lo que establece la ley, consumiendo todo tipo de drogas licitas e ilícitas, compradas o vendidas por adultos.
Puntos como estos podríamos mencionar ampliamente, analizarlos y discutir sus razones, su frecuencia es alarmante, aun más alarmante es con la normalidad y dejadez que la sociedad está asumiendo estos hechos, que se limitan a la difusión continua en los diferentes medios de comunicación, asombrarse en el momento de escuchar o ver la nota y luego continuar con nuestras actividades habituales.

Tal vez pensando que ciertas entidades públicas o privadas son las responsables de velar para que estos actos no ocurran, o corregir los que están en marcha. Está de más decir la deficiencia e incompetencia que tienen institucionalmente estas entidades en lo interno de las mismas, a parte de lo "embarrada" que están, por tener una gran parte de sus miembros metidos en los mismos actos delictivos.

Lo más preocupante es que para una gran mayoría de la sociedad, estos hechos son tomados con naturalidad o normalidad, algunos más estúpidos dicen que todo este acontecer ya estaba anunciado en profecías apocalípticas, y lo aceptan cruzándose de brazos...o lo levantan hacía arriba hablando con alguien o algo que suponen está en un lugar que llaman cielo. 

La verdad es que es un problema que afecta a la mayoría de individuos de nuestra sociedad, menos a los que salen lucrados de todo este mal vivir, empezando por la misma autoridad que facilita, patrocina o promueve actos vandálicos a personas ajenas a la institución y por qué no, también consumados por ellos mismos. Y toda la impunidad que los protege gracias al podrido sistema judicial.

A una parte los afectados, lamentablemente se nos presenta la contrariedad de no poseer los recursos o el poder mediático para regenerar el ambiente social que nos rodea, el poderío que ejercen los medios y las autoridades son en gran medida mayor que nuestras voluntades, es lo que más nos quita el aliento al momento de visualizar un mejor entorno.

De lo que podemos hacer nos queda entonces una posibilidad, regenerarnos nosotros mismos y nuestros dependientes desde nuestro hogar, que cada miembro de la familia asuma el compromiso para ejercer las buenas acciones, en beneficio del entorno, educándose y ser ejemplo para los demás de que las cosas se pueden hacer diferentes y productivas a la sociedad. Estando conscientes de la lucha y contrariedades que vamos a enfrentar, se puede.